This Year´s Message2026: Exaltación (español)

2026: Exaltación (español)

 

El mundo corre una carrera desenfrenada, esforzándose y luchando con capa y espada por la supremacía como el más fuerte, el más grande, el más genial, el más guapo y el más rico.

Mientras tanto, la religión gira sin cesar en la rueda de la constante búsqueda de la perfección, esforzándose por ser santa, obediente, digna, fiel y divinamente bendecida mediante el propio esfuerzo. Al final, todo se reduce a lo mismo: intentos inútiles de exaltarse a través del orgullo.

Santiago 4:6, NBLA

“Pero Él da mayor gracia. Por eso dice: «Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes».”

El Reino de Dios funciona con un sistema radicalmente diferente al del mundo: «Haz el bien y recibirás el bien; haz el mal y recibirás el mal». Sin embargo, gran parte de la Iglesia aún no comprende esta verdad. Anhelamos caminar en la gracia—experimentar el favor, el poder y la bendición de Dios, pero seguimos intentando ganárnoslos con nuestras propias obras y méritos. Este es el sutil orgullo contra el que advirtieron Santiago (Santiago 4:6) y Pedro (1 Pedro 5:5). El orgullo no es solo arrogancia; es confiar más en nuestros propios esfuerzos que en el favor inmerecido de Dios. En el momento en que dejamos de esforzarnos y abandonamos la búsqueda de méritos, la gracia fluye en nuestras vidas. Santiago y Pedro escribieron principalmente a creyentes judíos que se obsesionaban con las obras de la ley. Su tentación era centrarse en obras en lugar de confiar y descansar en la obra consumada de Cristo.

La humildad es una de las virtudes más incomprendidas, especialmente en los círculos religiosos. Muchos la confunden con la inferioridad: menospreciarse constantemente, sentirse insignificante y mantenerse bajo. Pero esa no es la humildad bíblica. La verdadera humildad consiste simplemente en estar de acuerdo con Dios acerca de quiénes somos en Cristo y depender completamente de Su gracia. Significa vernos exactamente como Dios nos ve: completamente perdonados, eternamente justos y abundantemente bendecidos. Insistir en que Dios nos ve como menos, es una forma de rebelión contra Su gracia. Por otro lado, aceptar nuestra nueva identidad como nuevas criaturas nos lleva a una dependencia gozosa de esa misma gracia. Desde esta posición, la humildad fluye naturalmente: elevando a los demás por encima de nosotros (Filipenses 2:3) y sirviendo. Sobre todo, vivimos con Jesús en el centro de nuestras vidas.

Santiago 4:10, NBLA

“Humíllense en la presencia del Señor y Él los exaltará.”

Cuando dejamos de intentar enaltecernos ante Dios mediante nuestros propios esfuerzos, Él comienza a enaltecernos, porque finalmente honramos la obra consumada y la gracia de Cristo. Cada vez que insistimos en depender de nosotros mismos, Dios nos deja intentarlo. Su gracia se derrama abundantemente sobre los humildes, aquellos que reconocen abiertamente que no pueden ganar ni merecer Sus bendiciones, Su favor ni Su justicia. En el momento en que abandonamos nuestros propios esfuerzos y descansamos plenamente en Su gracia, Él interviene y realiza en nosotros y a través de nosotros lo que jamás podríamos lograr por nuestra cuenta.

Observen que nosotros debemos humillarnos—o someternos. Sin embargo, muchos afirman que Dios nos “quebrantará” o provocará dificultades hasta que finalmente nos sometamos. Imaginen a un esposo intentando esa estrategia con su esposa: forzando la sumisión mediante presión y dolor. La verdad es todo lo contrario: Dios no se dedica a humillarnos. Él está profundamente comprometido a edificarnos, restaurarnos y exaltarnos a Su debido tiempo. La verdadera humildad no es el resultado de un quebrantamiento divino; es la respuesta voluntaria de un corazón que confía y descansa en Su gracia.

La palabra griega que se traduce como exaltar es hupsōō, que significa levantar o elevar, ya sea literalmente (en posición o estatus) o figurativamente (en honor e influencia).

El libro de Ester ilustra maravillosamente este principio divino. Y no hay una imagen más clara de la exaltación divina que la de la propia reina Ester: una joven judía huérfana en el exilio, con una identidad oculta, que fue elevada por la mano misericordiosa de Dios al trono de Persia.

Ester 2:17, NBLA

“Y el rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y ella halló gracia y bondad con él más que todas las demás vírgenes. Así que él puso la corona real sobre su cabeza y la hizo reina en lugar de Vasti.”

La historia de Ester comienza con una profunda ilustración de cómo la verdadera obediencia no es forzada ni impuesta, sino que es impulsada por la gracia. El nombre hebreo de Ester, Hadassah, significa «mirto», un símbolo bíblico de justicia (Zacarías 1:8-11). Esto no es una coincidencia. El camino para recibir la gracia y el favor de Dios comienza cuando creemos que ya somos la justicia de Dios en Cristo, completamente independientemente de nuestras obras.

Ester 4:14, NBLA

“…¿Y quién sabe si para una ocasión como esta tú habrás llegado a ser reina?».”

La palabra llegado aparece en la Septuaginta griega como hupsoó, que es la misma palabra que se encuentra en Santiago 4:10 como exaltar. Dios te exaltará públicamente, colocándote en una posición de influencia para que cumplas Su propósito en tu vida, «para una ocasión como esta».

El rey Asuero plantea la pregunta: “¿Cuál es tu petición?” cuatro veces a Ester y una vez a Amán (aunque el honor finalmente recayó en Mardoqueo). Esto suma cinco invitaciones en total. Cinco es el número bíblico de la gracia. Así como Ester entró en una etapa de favor extraordinario e inmerecido ante el rey, así también te sucederá a ti. Dios está abriendo puertas de favor sobrenatural, tanto con Él como con las personas. Prepárate para ser posicionado estratégicamente en tu carrera, negocio, ministerio y vida personal. Donde antes fuiste ignorado u oprimido, prepárate para un cambio divino: ascensos repentinos, honores y un avance acelerado. Esta es un tiempo de gratitud y celebración, mientras Dios te exalta.

Por Joyner Briceno

Gloria. El diccionario define la gloria como alto renombre ganado por un logro notable.” Es el logro más alto y estado de victoria más grande obtenida a través de la competencia, batalla, u obra. Cuando un creyente en Cristo piensa en la palabra gloria, es inevitable pensar en Jesús, porque Él es la definición misma de la gloria. La gloria que Jesús obtuvo en Su resurrección es una fuerza eterna de justicia que sacudió a todos los rincones del universo. Su resurrección puso en movimiento una victoria que trascendería por toda la eternidad. Era una imposibilidad lograda que desafió todos los pronósticos y todas las leyes universales de la lógica para simplemente dártelo a ti como un regalo de acuerdo a la medida de la justicia de Dios. ¡Su gloria se convirtió en tu gloria!

Honor. Por el contrario, después de que uno obtiene la gloria, el honor es conferido a ti. Una vez más, el diccionario define honor como “alta estima pública; una fuente de crédito o distinción.” El honor es un reconocimiento por la gloria alcanzada.

El honor que Jesús obtuvo de Dios se ve en Su ascensión.

El Entró en el Santuario Celestial para ser nuestro intercesor como nuestro Sumo Sacerdote perfecto. Él estuvo en la presencia del Padre en el Lugar Santísimo una vez por todas. Fue allí donde Él derramó Su perfecta e impecable sangre para sellar tu redención eterna. No hay duda de que fuiste declarado perdonado al momento en que Jesús derramó Su sangre en la cruz y justos en Su resurrección, pero tu redención fue sellada en el Santuario Celestial.

El Padre estaba tan contento con la obra de Su Hijo en el Santuario Terrenal y Celestial, que Jesús recibió el honor más alto del cielo.

Miremos:

Él fue ungido con el aceite para ser Rey de Reyes y Señor de Señores. [Hebreos 1: 9] A medida que el aceite caía por el rostro de Jesús, la unción del Espíritu Santo caía a la tierra, llenando sus discípulos en el aposento alto en Hechos 1. (Vea el artículo Empoderado por la Gracia).

Luego Jesús fue coronado con la corona de gloria [Hebreos 2: 9], que no es sólo una corona en la cabeza, pero una aurora que rodea Su personaje. (Vea el artículo Corona de Gloria y la Diadema Real).

Además, Jesús también recibió el cetro de la justicia [Hebreos 1: 8]. En la cruz Jesús despojó a Satanás de todo principado y potestad, y ahora con toda la autoridad del cielo, Él lo hecho legalmente fuera del cielo para que nunca jamás fuera capaz de para traer acusación contra ti en la presencia de Dios.

Cumpliendo los requisitos para la reclamación, Jesús tomó el rollo escrito y rompió los siete sellos que y le liberarte de cualquier acusación por escrito presentado en tu contra lo que requería que la muerte llegara sobre ti. El cumplió con los requisitos de la reclamación porque Él tomó sobre sí la muerte y rompió su poder en Su resurrección. Cada sello roto significa que tu libertad de tus pérdidas y restituido por su Pariente Redentor.

Finalmente, Jesús se sentó a la diestra del Padre y en la actualidad a la espera hasta que todos Sus enemigos estén puestos debajo de Sus pies. Es mi suposición de que este fue el momento que Él recibió Su herencia. Su herencia fue el Pacto de Paz por el que todas las promesas que Dios haya hecho a alguien se hicieron Suyas.

Salmos 84:11

El Señor es sol y escudo; Dios nos concede favor y honor. El Señor brinda generosamente su bondad a los que se conducen sin tacha.

Está claro que este favor y honor sólo es concedido a los que andan sin tacha. La buena noticia es que Jesús es el único hombre ando intachable y recibió favor y honor. Ahora, Él te lo ha concedido a ti simplemente como un regalo. Debido a queestás en Él, es lo que la Biblia llama coheredero. En otras palabras, tú compartes en todo el favor y honor que El obtuvo. Es tu herencia.

Por la fe, Jesús fue a la cruz, sufrió para que no tuvieras que sufrir, murió para que no tuvieras que probar la muerte, venció el pecado para que nunca tuvieras que luchar esa batalla, venció a Satanás para que nunca tuvieras que luchar con él, y recibió una herencia para compartirla contigo para que nunca tuvieras que usar tu fe para obtener esa herencia.

Tu parte es recibirlo como un regalo - recibir el don de la justificación por la fe en Jesús el Cristo. Tu estás ungido, coronado, y se te ha dado toda autoridad, y estas sentado a la diestra del Padre como la justicia de Dios en Cristo.

Isaías 61:7

En vez de su vergüenza tendrán doble porción, y en vez de humillación ellos gritarán de júbilo por su herencia. Por tanto poseerán el doble en su tierra, y tendrán alegría eterna.

Esto formará una nueva base para tu fe que va a transformar todas las situaciones que te enfrentes por el resto de tu vida! Sea cual sea tu vergüenza, sepa que Jesucristo te concede doble honor. Si tú has sido perseguido y avergonzado por seguir a Jesús, tú recibirás una porción doble de restauración en cada área de tu vida. Descansa en ser la justicia de Dios en Cristo, y veras Su Honor Concedido.